La chica sufrió una peritonitis (una inflamación del peritoneo) tras ser sometida a una operación. Su condición requería una urgente transfusión de sangre, pero en aquel momento no estaba consciente y por eso los médicos no le podían consultar sobre el procedimiento. Obligados a respetar y cumplir la voluntad de su paciente, los médicos no podían practicarle la transfusión pese a la solicitud de su familia.
En su intento por salvar la vida de la joven, su familia ha recurrido a un tribunal para revocar su decisión, pero la demanda ha sido desestimada. Los jueces explicaron que la ley de autonomía del paciente implica que una persona mayor de edad tiene el derecho de manifestar su voluntad sobre los tratamientos a través del testamento y los médicos deben cumplirla.
