ContraPunto | Eduardo Santos
23 de septiembre de 2020.- Fue en la esquina de Humberto Hinojosa y Venustiano Carranza donde se dio el último adiós a José Alfaro, famoso titiritero que pedía apoyo económico para asegurar la educación en niños con necesidades.
En medio de dos fotografías de gran formato, donadas por un fotógrafo saltillense, con un adorno floral enviado desde la colonia Ciudad Mirasierra, que era otro punto frecuentado por Alfaro Padilla, un moño negro donado por un local cercano, además de Betito, su muñeco.
El féretro amaneció aún en su casa, en la colonia Roma, ahí con familiares cercanos lo despidieron. Fue María de la Luz Alfaro, hija de don José que se tomó la decisión de que Betito se quedara en algún museo para que recordara el legado de su padre.
En el crucero, los automovilistas que pasaban activaban sus cláxones, uniéndose al homenaje de cuerpo presente.
De ahí fue trasladado al panteón Santo Cristo, donde sería incinerado. “Betito”, su muñeco lo acompañó hasta ese punto, de ahí se lo llevó consigo María de la Luz Alfaro, quien cuidará de él hasta que se encuentre un museo que honre la memoria de José Alfaro Padilla, personaje emblemático de la ciudad de Saltillo.
