Desde la tarde del sábado tiene lugar el tercer Festival de la Chorreada, el Mollete y el Tamal para enaltecer la tradición gastronómica local.

27 de noviembre de 2016, Ramos Arizpe.- ¿Qué le hace a uno el frío cuando de las vaporeras sale ese olor a historia tan familiar? Desde ayer la plaza principal de Ramos Arizpe emite ese efluvio que anuncia la presencia del Festival del Mollete, la Chorreada y el Tamal.
La explanada se convirtió en un enorme comedor cuyos invitados desafiaron a las bajas temperaturas para cenar a la intemperie las delicias ancestrales del maíz y el pulque.
Y así, inversamente proporcional a la tristeza que brotaba del escenario por el repertorio de Juan Gabriel elegido para que un mariachi infantil lo interpretara, en los puestos bullía el champurrado y se cocía la masa de las gorditas de azúcar sobre los comales.
Las conservas, los molletes y las chorreadas endulzaron el ánimo y elevaron el orgullo local de los elaboradores que veían satisfechos cómo gente de Ramos, Arteaga, Saltillo y más allá llegaron para llevarse un pedacito de tradición para degustar en casa, aunque también hubo quien no se aguantó y consumió allí mismo el pan que da fama al sureste coahuilense.
Los tamales se cuecen aparte. En los 41 locales que expusieron el manjar de Cinteotl, el dios azteca del maíz, se rindió honor a la divinidad atribuida a la gramínea por los nativos del suelo mexicano ¿o cómo se puede decir que los rellenos de queso crema y zarzamora sabían a gloria? O que los de pollo en salsa verde picante parecían haber salido de las manos de algún ser celestial… o que alguna deidad debió haber amasado para que los de cerdo quedaran como quedaron.
¿Qué le hace a uno el frío cuando se comparte la mesa y la cena con vecinos de otras colonias a quienes nunca antes de esa noche se había visto y arropan con su plática la noche nublada en plena plaza principal?
Y la fiesta sigue. El domingo desde las 10 de la mañana abrieron otra vez los puestos para repetir la experiencia y alimentarse con bocados que llevan implícito el sabor ancestral de la tradición gastronómica que le da presencia a Ramos Arizpe más allá de las montañas que le rodean.
